martes, 18 de junio de 2013

¿Quién le teme a Silvestre Byrón?

De: Silvestre BYRÓN

Claudio:


Con algún atraso te transmito un primer temperamento, posible diagnóstico sobre el anunciado “Arte y Estado –Todos manipulados”. Dificultades hubo para armar el caso en términos periodísticos así que la reseña se limitó a sus presupuestos filosóficos. Se parte de la teoría clásica y moderna de la ciencia política: el Estado así que centro jurídico-político. Aquí según formas de gobierno:

-Alta política gubernamental (arquitectónica): democracia, aristocracia, dictadura. 
-Baja política gubernamental (agonal): demagogia, oligarquía, tiranía. 

El epígono de la alta política es la ley y el orden institucional acorde al principio de la autolimitación del poder público. El nacional-populismo latinoamericano, en cambio -dependiente del culto al líder y a las masas como fin y medio de la propaganda- extiende el poder público. Comenzando por la industria y el comercio en general y las industrias culturales en particular. 
Como la baja política necesita la mayor coherencia totalitaria posible impondrá una preceptiva a todo. El arte y el espectáculo “debe ser” a gusto de la estructura de dominación. Es nivelación según el principio de la heteronomía del artista. Un dechado del positivismo decimonónico. La “función social”. Según la tesis de Spencer el arte obedece a un fin o una virtud. Ya sea un cálculo comercial o moral, didáctico o cívico. Incluso cálculo político y propagandístico. No resulta tolerable un “es”, ni mucho menos, un “estar siendo” del arte sin fin ni virtud. Ninguna autonomía.  
En tiempos más brutales, molde Revolución Argentina (1966-70), observando la tesis se reprimía todo aquello al margen  de la preceptiva ( = subversión). Un tiempo después, con métodos más sutiles (Reconstrucción Nacional Justicialista (1973-74), se “recuperaba” esa producción. Esta manipulación la denunció nuestro Simon Feldman (1973) en “Mitos y sometimientos del director cinematográfico”. Hasta Vargas Llosa (1992) en “Arte degenerado” señalaba cómo los regímenes simulan tolerancia y embaucan a la opinión pública. Esto pasó con nosotros, manipulados. Y el público, embaucado. 
La baja política simula interés en determinado nicho para luego neutralizarlo y vaciarlo de significado mixtificándolo. Volvemos a la antedicha “carne podrida” de la desinformación y las ficciones inconcientes. La realidad inventada. Se desacredita la autonomía como algo aventurado e inestable que marcha a su autodestrucción. Nada de eso ocurre bajo la protección del poder público. El mensaje final: basta resignar la autonomía del “es” o “estar siendo” para cruzar a la heteronomía del “debe ser” y estar nivelado acorde a un fin o virtud.
Hasta aquí mi primer temperamento. 

Saludos,
Silvestre   

PD. La manipulación requiere idiotas útiles – capítulo para un encuentro personal. Hay nombres y apellidos que por ahora no conviene exponer en blanco y negro. 

http://eaf-underground-plaza.blogspot.com.ar/

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